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Pulgares

Pulgares

Cada dedo tiene una simbología en particular, mas siempre hablamos de la precisión en aquello que estamos haciendo en el momento en el que se produce la dolencia sobre todo cuando hablamos de golpes, cortes, quebraduras, fisuras. Si fuese artritis, por ejemplo, ya tenemos que profundizar en conflictos programantes y desencadenantes pues hay una negación emocional que perdura en el tiempo y genera la dolencia crónica.

El conflicto que se nos propone observar es el de la desvalorización. Tenemos una mirada juiciosa hacia nosotras mismas y no nos sentimos suficientes en aquello que estamos haciendo.

El detalle clave lo da el dedo. En este caso, hablamos de los pulgares.

El juicio condenatorio que hacemos tiene que ver con aquello que estemos ejecutando en el momento. Y el tipo de dolencia nos hablará de la profundidad de la herida emocional.

Partimos de la base que las manos se relacionan con el trabajo y su base es la figura paterna. A la vez, el pulgar simboliza la boca y nos conecta con la nutrición afectiva de la figura materna.

¿Qué simboliza el pulgar arriba o abajo en nuestra vida? Socialmente es un símbolo conocido 👎🏼 👍🏼 que representa muy claramente el juicio bien o mal. Es el dedo dominante y representa la necesidad de control, de hacer bien aquello que creemos que estamos haciendo mal.

Para poder descifrar el mensaje, observemos qué estamos juzgando en nuestra vida teniendo en cuenta los aspectos anteriormente explicados.

Llevemos la generalidad a nuestra historia individual y entendamos el mensaje del cuerpo.

¿Ejemplo? El pulgar derecho es mío, ennegrecido producto de un bochazo en un entreno de hockey.

¿Cómo conectamos la biodescodificación a nuestra vida? Pues teniendo en cuenta todo lo que acabo de explicar anteriormente, ejemplifico lo que para mí significó este bochazo: El hockey siempre fue mi conexión con papá -era mi mayor fan aunque mi desempeño nunca era suficiente para 

él-.

Hoy, volver a hockey después de 15 años, es volver a lidiar con las heridas de la adolescencia de insuficiencia, mas con toda la experiencia y trabajo interno de la adulta de 37.

En la jugada anterior al golpe, una de las mejores jugadoras del equipo me dio un pase que no pude recibir y señaló mi error. Al pase siguiente, bochazo al dedo -aunque seguí jugando y pudimos terminar el ejercicio sin problema-.

Internamente, ese juicio externo verbalizado estaba mostrando mi juicio interno con las memorias atemporales de mi inconsciente herido. La frustración de no hacerlo bien, de no poder demostrar que valgo lo suficiente como esa nena quería demostrarle a su papá se plasman en mi cuerpo con dolor.

NADA es casual en esta vida, nada pasa desapercibido para el inconsciente que siempre buscará la manera de plasmar en el cuerpo aquel dolor emocional que necesita ser liberado.

Mi valor personal no depende de la mirada de una compañera que señala un error técnico, mucho menos de un entrenador o de un padre que busca con la exigencia sacar lo mejor de nosotras. Las personas hacemos lo que podemos con lo que sabemos. En ciertos momentos de nuestra vida seremos capaces de liberar esos dolores que alguna vez se incrustaron para hacernos trabajar en aquello que el alma tenía pendiente de resolver. Todas nuestras partes trabajan a la par y podemos buscar la forma de entendernos, mas jamás podremos adelantarnos al proceso.

Si estamos presentes, si usamos las herramientas, podremos ir liberándonos de aquello bloqueado y vivir, cada vez más, en liviandad y facilidad, en sintonía con la vida y con el Espíritu.

Está todo conectado aunque ahora mismo no seamos capaces de entender cómo. En algún momento, tendremos la oportunidad de comprender, asimilar y hacerlo cuerpo.

Mientras tanto, respiremos, observemos y no nos dejemos llevar por la mente que busca enroscarnos en laberintos sin salida.

Tener la capacidad de bajarnos del tren mental y acomodarnos en el corazón es la clave para reconectar con el Espíritu y ser sin juicio.