Cáncer de pulmón

Miedo a la muerte

Una de las enfermedades más directas con su mensaje: EL MIEDO A LA MUERTE

El cáncer de pulmón es la manifestación corpórea del miedo más común entre los seres humanos: El miedo a LA MUERTE.

Desde la biodescodificación entendemos esta enfermedad como el mensaje más directo del cuerpo a esas emociones temerosas que por alguna razón en especial no se exteriorizaron y se plasmaron en los pulmones con un tumor.

Muchas veces, el cáncer de pulmón suele aparecer luego de otro cáncer que ya fue vencido por el paciente y se suele hablar de una reaparición pero, bajo nuestra perspectiva, no es tan así. No es que ese mismo cáncer “reaparece” sino que es uno nuevo que responde a otras causas emocionales mucho más profundas: El miedo a dejar de existir.

El aire está directamente relacionado con la vida. Podemos pasar mucho tiempo sin comer, sin beber pero sin respirar sólo aguantamos un par de minutos. Ese miedo que se instaura en nuestro cuerpo cuando la idea probable de la muerte comienza a circular por nuestras células puede terminar enfermándonos de verdad si no somos capaces de exteriorizar nuestro sentir con sinceridad.

Es normal que le tengamos miedo a la muerte desde siempre, es parte de nuestra cultura, de nuestro apego al cuerpo terrenal y del pánico a dejar de ser como los seres de carne y hueso que siempre fuimos. Pero no es hasta que algo pasa en particular que nos golpea y nos hace realmente enfrentarnos a la parca, que esta chance se nos mete en la cabeza y empieza a rumiar sin parar.

A papá le pasó esto y me dio permiso para contar su historia así aprendemos con el ejemplo el poder que tiene nuestra mente para enroscarnos en el miedo y plasmar en nuestro cuerpo nuestra mayor pesadilla.

Como siempre les digo, CADA CASO ES ÚNICO pero hoy puedo contarles de primera mano el que nos tocó vivir a nosotros como familia, de la mano del valiente de papá.

Ejemplo real

El caso de papá no sólo es a nivel personal con su inconsciente individual sino también desde el familiar porque el miedo a la muerte es una carga transgeneracional que traemos en el apellido.

Recuerden que para la #biodescodificación las enfermedades no se heredan como marcas imborrables que no se pueden controlar, pero lo que sí acarreamos es la memoria inconsciente familiar que por su atemporalidad seguirá latente en el clan. Si existe un desencadenante que la despierte, se manifestará en el cuerpo de sus integrantes hasta que se logre hacer consciente lo inconsciente y podamos, de una vez por todas, limpiar esa memoria familiar.

A nivel inconsciente familiar, el miedo a la muerte viene de la mano de la primera guerra mundial. Mi nono Esteban, el papá de papá, escapó de la hambruna de esa posguerra y el fantasma de la parca le siguió de cerca los pasos. Tenemos unas cuantas historias que enfrentaron a los Valenti a la muerte y siempre nos venció con temor y negación.

En el árbol, la mayoría de las muertes o bien fueron por sorpresa, recordándonos la poca capacidad de control que tenemos frente a nuestra existencia, o bien con dolencias que afectaron a los pulmones con distintos matices. Los detalles fueron todos diferentes pero bajo mi lectura, el mensaje fue siempre el mismo: El miedo a la muerte y su significado más profundo: perder el control.

Para ponerlo simple, papá ya traía entonces en el inconsciente familiar este miedo latente. En su vida, algo tenía que desencadenar su propio miedo para que estas memorias atemporales se despierten y entonces el cuerpo comience a gritar lo que él se guardaba por dentro.

Pero papi no sólo acarreaba con las cargas transgeneracionales sino que también tuvo sus propios conflictos programantes que luego fueron despertados por una situación en particular.

Dicen que cuando papá nació, estaba muerto. No respiraba. Lo dejaron en la mesada del quirófano y se ocuparon de su mamá Vicenta que se estaba desangrando.

Papá se llamó José porque fue el primer nombre que se les ocurrió ni bien lo sacaron de la panza y el cura lo bautizó instantáneamente para que pueda ir directo al cielo con Jesús #Prioridades

Pero José pegó una bocanada de aire y resucitó mientras todos en el quirófano estaban ocupados con su mamá.

Ese fue el primer trauma que quedó grabado en el inconsciente atemporal de papá y que luego se manifestó otra vez en su niñez con el asma.

Nunca habíamos hablado sobre la muerte con papá hasta que en diciembre de 2019 tuvo un accidente de coche que, bajo mi perspectiva, fue el conflicto desencadenante que abrió la puerta de su memoria individual y familiar para tener que enfrentarse una vez más con el miedo a la muerte.

Papá al volante, mamá acompañando y Bruno y Emi (sus nietos) en el asiento de atrás. Nada de imprudencia, velocidad permitida en una autopista que luego de una curva en pendiente con un atasco de esos muy porteños lo obligó a frenar con demasiada brusquedad.

Dicen que gracias a la muñeca de papá se salvaron todos. Mami tuvo un par de costillas rotas, nada más, pero el susto fue muy grande y la muerte se apareció como esa chance posible que empezó a rumiar en la cabeza de papá sin descanso.

Papá me llamaba muchas veces llorando, desesperado, enroscándose en los supuestos de su mente que decían que todo podría haber salido mal. Yo le repetía como un loro que nada había pasado, que estaba llorando por películas inventadas, que mamá estaba a su lado y sus nietos felices jugando a la play en el living.

Pero el fantasma del miedo había llegado para quedarse. Lo que pasó después corrobora mi sospecha: el poder de la mente manifestó el miedo más grande de papá con una mancha enorme en sus pulmones.

A la peli que papá empezó con el choque en diciembre de 2019 se le sumó el encierro por COVID en marzo. Mi sospechas son que el cáncer ya había empezado a crecer desde febrero.

Mamá cuenta que papi se pasó la cuarentena entera con el termómetro al lado puteando a los chinos de mierda.

No es detalle menor que papá acababa de dejar de trabajar. Toda la vida esperando ese preciado momento de ser jubilado 24/7 para poder disponer de todo su tiempo y de golpe tuvo que cancelar pasar junio en Mallorca conmigo porque era imposible viajar.

Todos estos detalles seguían sumando a su bolsa del miedo a la muerte. Y está claro que no exteriorizaba todo lo que sentía, sino estaría hoy acá, contando otra historia.

Desde la biodescodificación, entendemos que las emociones estancadas nos enferman, que los secretos guardados nos dejan marcas, que el miedo nos enrosca, la vergüenza nos calla, la tristeza nos apaga y que los únicos que podemos cambiar nuestra realidad, somos nosotros, trabajando de manera consciente en aquello que nuestro inconsciente atesora como memorias atemporales en la biblioteca de nuestro ser.

Anímense a conocerse, para esto sirve vivir conscientes, para poder ser responsables de quienes somos, para poder entendernos, aceptarnos y TRABAJAR en nosotros para poder disfrutar de HOY sin apego al pasado ni con ansiedad por el mañana que no podemos controlar. 

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