Cada experiencia trae un aprendizaje

sabiduría

Las emociones nos atraviesan. No podemos controlarlas y cada vez que intentamos resistirnos a ellas, nos bloqueamos.

Lo que vamos aprendiendo con el correr el tiempo y el trabajo personal es a lidiar con la reacción que tenemos ante esas emociones.

Las emociones son intrínsecas del ser humano, son la razón por la cual la Fuente decide dividirse en chispas de vida (almas) y encarnar en la experiencia humana.

SOMOS EL UNIVERSO VIVIENDO EN UN CUERPO LA EXPERIENCIA HUMANA

Las emociones sólo las experimentamos a través de los vínculos. Detrás de cada vínculo hay un aprendizaje, es esa perla de la sabiduría que viene a mostrarnos aquello que el alma desea aprender para trascender.

Cuando como personalidad nos ponemos al servicio del alma, todas las experiencias vinculares que vivimos nos llegan fuera del rol víctima y victimario.

¿Por qué? Porque justamente nos dimos cuenta que aquello que llega a nuestra vida tiene un propósito más allá de nuestra personalidad, de nuestro ego.

Al salir de ese rol en estado de supervivencia, al entender que detrás de cada experiencia hay una perla de sabiduría que “tiene” que ser recogida por el alma para continuar en el camino evolutivo, entonces la vida se desdramatiza y se vuelve un sinfín de oportunidades para descubrir.

Hace poco estuve en un vínculo “amoroso” que me vino a mostrar la perla de la sabiduría por excelencia en mi vida: El Rechazo.

El universo nos presenta las experiencias constantemente, lo que cambia son los modos que tenemos de reaccionar ante ellas.

De aquí que las emociones nos atraviesen con tanta intensidad. No podemos controlar a las emociones, pero sí el modo en el que reaccionamos ante ellas.

Observarnos en cada experiencia y buscar el “para qué” se nos presenta es la manera más fácil que veo yo de vivir alejada del drama y disfrutando de cada paso -aunque muchos duelan y me dejen el corazón en alerta-.

TRAUMAS: las marcas pendientes en el inconsciente

Todo lo que sucede en nuestra vida se graba en el inconsciente -el disco duro del cuerpo-. Los primeros traumas suelen darse desde la concepción (memorias uterinas) hasta el final de la primera infancia porque es cuando menos herramientas tenemos para lidiar con aquello que nos traspasa.

Un trauma es una marca que queda registrada en el inconsciente. Es una señal de alerta porque X generó un dolor muy profundo con el que como feto-niño-adolescente, no supe gestionar.

Esos traumas también pueden darse como adultos dado que tampoco solemos estar muy entrenados para lidiar con las emociones que nos atraviesan.

Entonces… esas marcas en el inconsciente, si no son traídas a la conciencia, comienzan a manifestarse en el cuerpo con las dolencias y enfermedades (físicas y emocionales) que luego desde la Bio podemos descifrar.

Cuando ya pasamos este proceso y entendimos que el cuerpo nos habla para mostrarnos lo pendiente a resolver en ese disco duro inconsciente, empezamos a vivir la vida más atentxs.

Observamos la señales y respondemos en consecuencia.

El Rechazo fue mi trauma desde el útero y se manifestó en un trastorno alimenticio que duró muchos años. Lo descubrí, lo acepté, lo procesé y lo transformé en lo que soy hoy.

¿Esto significa que ya no experimentaré rechazo jamás en la vida por haber aprendido la experiencia? NO

Las emociones que genera el rechazo me siguen atravesando, pero lo que ha cambiado es el modo en el que reacciono ante ello.

Ya no me pega en el cuerpo, proceso mis reacciones emocionales de un modo sano (mucho movimiento arriba del mat y palabras coloridas en intento de poemas que nadie lee).

ESTO es parte de lo que significa abrazar nuestra oscuridad.

La vida es aprender a reaccionar distinto ante lo que siempre nos pegó de lleno y observar los distintos modos de lidiar con ello es evolucionar.

NADIE NOS HACE NADA ADREDE- toda experiencia es perfecta – ¿Somos víctimas en un loop de traumas irresueltos o seres responsables trascendiendo experiencias? 

Hace poco estuve en un vínculo “amoroso” que me vino a mostrar la perla de la sabiduría por excelencia en mi vida: El Rechazo.

Las emociones me siguen atravesando, pero reacciono distinto ante ellas.

Me observo en el proceso que algunas veces es super liviano y otras me deja de cama todo el domingo. Me levanto otra vez y vuelvo a empezar.

Aprendí que los vínculos de pareja nos muestran las polaridades del mismo aprendizaje. Si yo tengo que trascender el rechazo de madre, Ricardo lo mismo pero de padre. Cada uno viene a trabajar en este vínculo lo mismo, pero en la polaridad opuesta.

En mi caso, la aceptación del primer rechazo que dejó la marca está bastante trabajado porque fue el que se manifestó durante tanto tiempo en mi cuerpo con el trastorno alimenticio, pero ahora trabajé el mismo rechazo -aunque personificado en otro vínculo- para reaccionar distinto a las emociones que ese dolor generó.

Sí, me dolió la falta de reciprocidad, pero qué zarpado que estuvo darme cuenta de todo el asunto y no caer en “X me hace, X no me da, X debería ser distinto”; y, sobre todo, lidiar con esas emociones de un modo sano y natural.

Los vínculos SIEMPRE tienen una perla de la sabiduría escondida detrás de la experiencia. Cuando la vemos y podemos recogerla, nos liberamos de ese peso y podemos seguir experimentando la vida con más disfrute que antes.

NADIE NOS HACE NADA ADREDE – TODAS las experiencias que vivimos son perfectas para que podamos desbloquear traumas pendientes, transmutar la energía estancada (esas emociones no gestionadas) y entonces trascender hacia el siguiente nivel evolutivo disponible.

Cuando caigamos en el rol de víctimas recordemos esto. Miremos la experiencia con gratitud y preguntémonos PARA QUÉ se presenta en nuestra vida. La perla de la sabiduría se nos está mostrando, ¿nos animamos a mirarla y hacernos cargo de su existencia o vamos a dejar que se repita en loop mientras culpamos al otro de nuestro dolor?

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