Experiencias de una hija de sustitución

La razón por la que comparto mis experiencias personales es porque creo que a partir del ejemplo somos capaces de entender que todos podemos apartarnos del sufrimiento y tomar las riendas de nuestra vida. Mi objetivo es que me crean cuando les digo que podemos reprogramar el inconsciente y vivir la vida sin victimizarnos. Si yo pude, ¿por qué vos no?

Soy hija de sustitución porque nací en un útero que había vivenciado un aborto anterior. Pero hay varios detalles extra que sumaron a que luego los conflictos desencadenantes en mi vida me hayan llevado por el camino del autoflajelo y la destrucción.

Mi mamá no quería tenerme. No es un secreto. De chica me cansé de escuchar de su boca lo tanto que lloró cuando se enteró que estaba embarazada otra vez. Tenía 40 años y tres hijos ya crecidos, ¿quién tenía ganas de cambiar pañales otra vez? A través de esta terapia buscamos conocer los hechos, no juzgarlos. 

Nací igual y mi mamá me amó con locura al verme, sobre todo porque era nena y los tres anteriores, varones. Pero, todo ese sufrimiento que madre vivió durante mis 9 meses de gestación, fue absorbido por mí de manera inconsciente.
La conexión que existe entre madre y feto es directa y las emociones se transmiten sin condición. TODO. El inconsciente no racionaliza, acumula sin discernir. Yo, bebecita en gestación, acumulé unos cuantos conflictos programantes en ese útero. Pero no todos tuvieron que ver con madre, padre también dejó lo suyo.

Daddy Issues
Mamá no quería tenerme pero padre sí. Esto también dejó marcas en mi inconsciente que programaron mi conducta y que se despertaron luego, en mi adolescencia, con detonantes específicos.
En consecuencia, mi relación con cada uno de ellos fue distinta.

Para que yo pueda armar tu genosociograma, te hago un montón de preguntas, como por ejemplo, si conocés por cuál situación estaban pasando tus padres durante tu gestación y detalles de la vida familiar durante la infancia. Esto me permite entender tus conductas de adulto porque ahí atrás busco los conflictos programantes que dejaron su marca y ahora se manifiestan en tu presente y te hacen sufrir.

Mis padres tuvieron una situación particular antes de mi nacimiento y lidiaron con ella algún tiempo bastante más. Acá sí que no entro en detalles porque es parte de su vida privada y no me corresponde. Pero lo que sucedió ahí, también dejó marca en mí, sobre todo en la relación con mi papá.
Nuestros padres, muchas veces, tienen ideas específicas para nosotros. Son anhelos, deseos, planes que les encantaría ver plasmados en nuestras vidas.
Al nacer, por circunstancias ajenas a mí, para mi papá me convertí en su todo y ese peso de existencia me marcó bastante.

Empecé a cargar con un mandato, crecí con el anhelo inconsciente de complacerlo con cada una de mis acciones. A la vez, por el modo de vivir su propia vida, también crecí observando un comportamiento de modelo familiar que agudizó mi propio deseo de perfección. A los niños pueden decirnos un millón de discursos sobre cómo comportarnos pero a esa edad no somos capaces de racionalizar todas esas palabras entonces nos dejamos llevar por lo que vemos. Las palabras acompañan pero es con el ejemplo con lo que se educa a los hijos, nada más ni nada menos. 

Recordemos que como niños/adolescentes no tenemos la capacidad de raciocinio y comprensión para poder procesar todo lo que pasa a nuestro alrededor. Carecemos de experiencias de vida, estamos en proceso de crearlas, y por eso es normal que durante esa época de nuestra existencia, se generen los traumas que dejen las marcas en nuestro inconsciente y condicionen nuestro posterior accionar como adultos.
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¿Esto significa que ya estamos marcados de por vida? Claro que no porque siempre somos capaces del cambio. Lo único que hace falta es sinceridad con uno mismo y aprender a leernos para reconocer nuestros patrones y poder accionar en pos de nuestra reprogramación.

Para mi inconsciente, esas fueron todas memorias que se grabaron en la carpeta del “Deber ser”. El objetivo sería ser capaz, alguna vez, de convertirme en esa hija que cumpla con los estándares de un papá perfecto.

Aha!Moment
Me llevó 34 años darme cuenta de esto y fue en mi reciente viaje a Argentina, cuando estaba sentada con padre mirando una película y, tras la aparición de una actriz, el comentó lo “hermosa y elegante” que era aquella.
Yo llevaba ya tiempo intentando descifrar algo que hacía ruido en mi interior. Sabía de los conflictos programantes que habían desencadenado luego mi bulimia, pero no podía entender qué había despertado en mi adolescencia ese comportamiento que me acercaba a la búsqueda constante de perfección.

Mi vivir de manera consciente implica estar atenta a las señales que mi presente trae, sobre todo cuando pretendo descifrar dolencias que repercuten en mi modo de existir. Padre y su frase, fue un gran Aha!Moment que me llevó a conectar un sinfín de puntos en mi pasado para poder entender mi comportamiento.

Padre siempre veneró el cuerpo femenino de ese modo “hermoso y elegante”, así, con mucho respeto y como un simple comentario de aprobación. Casualidad (o no) es que siempre, esas mujeres eran altas, flacas, de pelo lacio y largo, de ojos claros y muy bien vestidas.
Para la nena (yo) que crece ya con el mandato de tener que complacer a papá para poder ser aceptada y amada, esa relación entre imagen y comentario dejó una impronta en mi inconsciente: Para ser aceptada, tengo que ser flaca, alta y delgada. Y les puedo asegurar que el resto de detalles sobre pelo, colores y accesorios, también condicionaron mi existir.

Ahí, en ese instante, entendí cómo los conflictos se relacionan en nuestro inconsciente y se manifiestan en el cuerpo. Por eso uso mis propias experiencias para poder trasmitirles el modo en el que trabajo, porque cuando uno vive de primera mano puede luego plasmar ese conocimiento en el otro y aportar a cada camino individual.

Acarrear con creencias limitantes desde la niñez
La bulimia es una Constelación Esquizofrénica (ya ahondaremos en el tema más adelante) que implica dos conflictos activos a la vez en ese cerebro que se sobrecarga y entonces corporeiza el dilema.
La obsesión por cumplir con una imagen determinada estaba asociada a esa creencia en mi inconsciente que dice que para ser aceptada por la persona a la que vine a complacer tengo que ser de tal modo.
Pero hay más en esa lista de perfección del “deber ser” que mi inconsciente fue acumulando y que luego yo intenté seguir, al pie de la letra, para complacer a mi exterior.
La perfección académica y la deportiva fueron las que más me llevaron a sentir esta sensación de JAMÁS SER SUFICIENTE.
El universo -y acá es cuando mezclo todo lo que sé- siguió acercándome “figuras paternas” (mi entrenador de hockey, mis profesores favoritos, esos hombres que me gustan pero con quien nunca hay reciprocidad) a quienes intentar complacer hasta que me diera cuenta del aprendizaje a absorber.

Mi intención es que puedan darse cuenta de cómo el inconsciente, con su atemporalidad, sigue reaccionando del mismo modo cada vez que una situación (conflicto desencadantante) despierta una emoción que dejó marca (conflicto programante).

Si esto resuena con vos, si creés que puedo ayudarte, no dudes en escribirme: hola@gabivalenti.com

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