Somos nuestra propia medicina

Curar el cuerpo

¿Ya escucharon esta afirmación? Les he hablado de esto, pero parece que es hora de más.

Desde la perspectiva holística -y desde la biodescodificación, mi herramienta preferida- creemos que es nuestro cuerpo capaz de generar las enfermedades y que vienen a mostrarnos los mensajes del inconsciente.

Las emociones -pensamientos que se hacen carne en el cuerpo- al no ser gestionadas con facilidad, se estancan, se acumulan y, con el correr del tiempo, nos enferman.

Ese inconsciente, harto de tanto acumular situaciones no resueltas, pide a gritos nuestra atención manifestando el bloqueo en nuestro cuerpo con dolencias.

Con esta premisa aceptada, ¿cómo no creer que somos capaces también de generar la medicina que nos ayuda a curar?

Nos enseñaron a buscar afuera la solución a todo lo que nos sucede dentro, pero… ¿quién mejor que nosotros mismos para responder a ese llamado medicinal?

Es maravilloso que pidamos ayuda y tengamos guías que nos orienten con distintas disciplinas: Inserte aquí su terapia preferida. Pero la realidad es que NADIE podrá curarnos desde fuera.

Nos guían, nos muestran distintas técnicas, herramientas y procesos a seguir, pero el trabajo es propio.

Me pasé 15 años buscando ayuda fuera y nada funcionaba porque no tomaba responsabilidad de mi dolencia. Cuando me cambié de lugar, cuando busqué guías para acompañarme y no para “sanarme” fue cuando mi cuerpo empezó a generar la medicina justa.

Pidamos ayuda, SIEMPRE, pero también trabajemos a consciencia y con coherencia en ese proceso que solo nosotros podemos transitar.

La epigenética vino a mostrarnos científicamente que podemos alterar nuestros genes cambiando nuestra conducta y, sobre todo, con el poder creador de la mente a nuestro servicio.

Hay un montón de libros que acumulan los estudios sobre este asunto, pero hace poco llegó a mi “El laboratorio del alma” de editorial Planeta.

Casos ejemplificados de cómo la mente es capaz de generar los cambios necesarios para curar al cuerpo cuando, primero, somos capaces de sanar por dentro.

Personalmente, no necesito que un libro me confirme esto porque, antes que nada, lo he experimentado de primera mano.

El poder creador de la mente es maravilloso y experimentar para alcanzar esos niveles de creación es mi pasatiempo favorito.

Si necesitan “convencerse” de esto, lean a esta argentina que con su Fundación ayuda desde los años 70 a la gente a encontrarse y convertirse en su propia medicina.

El cerebro es capaz de crear las sustancias necesarias para alterar químicamente nuestro funcionamiento biológico. Tanto para favorecernos como para perjudicarnos.

El ámbito social en el que nos movemos tiene mucho que ver en este aspecto también. Nuestros genes no nos condicionan, pero si nos hacen propensos a manifestar dolencias particulares y el entorno también tiene un peso potente.

Cuando una enfermedad toca a nuestra puerta lo ideal es encontrar el mensaje oculto, hacerlo consciente y empezar a trabajar en el cambio que buscamos. Para esto uso la #Biodescodificación, es la herramienta que me permite armar el mapa de quien llega a consulta y luego ahondar en su necesidad.

Claramente, la vida que venimos llevando hasta ese entonces nos llevó a ese punto así que nada mejor que HACER ALGO DISTINTO PARA OBTENER RESULTADOS DIFERENTES.

Curar vs. Sanar

Esta diferencia llamó mi atención en el libro que les recomiendo.

Stella Maris Maruso, la autora, cuenta que muchas veces se puede sanar el alma, pero no curar el cuerpo.

Algunas otras tantas veces, se logran ambas, pero lo que es seguro es que no hay curación sin sanación.

Personalmente, tengo un dilema importante con la palabra “sanación”, pero bajo el concepto que utiliza esta gran mujer, tiene un sentido acorde a lo que explica.

Les he contado ya que el alma que habita el cuerpo físico hizo sus acuerdos antes de encarnar y planeó sus experiencias. Olvidó todo al nacer y nuestra personalidad es la que está llamada a recordar toda esa sabiduría interna.

El cuerpo es una herramienta para recordar, es el modo que tiene el inconsciente -la parte del cuerpo más en contacto con el alma- para mostrarnos lo que no estamos viendo.

La enfermedad es una de las maneras que conocemos para exteriorizar el dolor, pero elegir aléjenos del sufrimiento es lo que nos diferencia y nos ayuda a ver el aprendizaje más profundo -esos acuerdos álmicos previos-.

El libre albedrío es una ilusión -elegimos el CÓMO, pero no el QUÉ-.

¿Recomendación? Cuando aparezca entonces dolor en nuestra vida, ELIJAMOS CÓMO transitarlo. Ahí estará la clave para poder conectar con el alma, entender la enseñanza y, si lo hacemos a tiempo, curar el cuerpo físico para seguir experimentando la vida terrenal.

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