Reprogramación del inconsciente

Si hay algo que siempre suelen preguntarme en las sesiones es cómo se hace para cambiar. El primer paso siempre es ese que están transitando cuando estamos enfrentados hablando del informe del genosociograma. Toda esa información que estamos trayendo desde el inconsciente para poder conocerla de manera consciente y luego poder aceptar.
Tomar consciencia de las Creencias Limitantes que nos vienen condicionando nos permite tener momentos de lucidez para poder reconocer nuestra reacción, frenarnos, entender y luego sí, reprogramar aquello que ya no se adapte a la realidad que queremos crear.

Cuando entendí de dónde venía esa sensación de no ser suficiente, fui capaz de recopilar todos los momentos en mi vida en los que me había comportado intentando complacer a los demás en vez de a mí misma.
Fue un momento duro pero como ya aprendí que no tiene sentido juzgar a la Gabi del pasado, acepté y, luego de mucho #cueving -acá es donde recomiendo tener herramientas de vacío y recarga- me reprogramé.

¿Cómo lo hice? Ojalá existiese un botón de reset que sea capaz de borrar toda la mierda pero no, al menos yo no lo encontré aún. El modo más efectivo de reprogramación que uso es el de vivir atenta, con consciencia, recordando estos procesos cada vez que algo activa en mí una emoción.
No reacciono a la primera -o al menos eso intento-, busco, desmenuzo eso que me pasa, lo conecto con mis vivencias, con mis creencias pasadas y entiendo su causa. 
El punto clave está en saber qué es lo que te lleva a actuar del modo en el que estás acostumbrado a actuar. Por eso es tan importante reconocer los propios patrones y saber las causas. El conocimiento consciente nos libera, siempre y cuando no caigamos en el victimismo.

También existen -y suelo recomendarlos- actos de psicomagia que ayudan a “engañar” al inconsciente para ponerle fin a situaciones en particular. O la Hipnosis Regresiva Reparadora para casos más profundos, a la cual me he sometido y me ayudó un montón.

Si eligen hacer una terapia de seguimiento conmigo, este es el objetivo primordial al cual la enfoco: Conocer las causas del dolor, dejar de identificarse con ello, observar y descubrir los patrones de conducta de una 
manera consciente para poder entonces reprogramar esos modos y crear la vida que se desea vivir. 

Sentarse con el dolor
Desde que me di cuenta -septiembre 2019- que venía viviendo una vida en la que internamente sólo quería complacer a padre, empecé a estar atenta a mis deseos reales. Cuando dudo sobre algo, me pregunto: ¿Y eso para quién es, Gabrielita? ¿Tuyo o suyo?
Reflexionar con sinceridad es vivir el presente de manera consciente y este es el camino hacia la vida que buscamos. 
Hace poco mandé un mensaje al grupo familiar contándoles mi reciente decisión de dejar de ser la tía Gabi nómade. Todos contestaron ahí mismo, compartiendo mi alegría. Todos, menos padre que me mandó un audio personalizado. Los 30 segundos de alegría compartida fueron opacados por el comentario que hizo en todo jocoso: “Igual vos sos tan cambiante, bebé, que vamos a ver cuánto te dura”.
¿Reaccioné? No. Bah, sí, pero sola, frente al espejo para descargarme. Dejé pasar un ratito y luego contesté que mi cualidad de cambio constante es para mí algo positivo, es lo que me lleva a buscar siempre el bienestar y a no estancarme en la (dis)conformidad.
Poder reconocer esto nos ayuda también a no poner etiquetas de culpas. De hecho, la relación con padre es cada vez más auténtica y amorosa porque dejé de culparlo, porque conocí las razones por las que se comporta como lo hace y el objetivo siempre ES EL AMOR.

Me llevó un tiempo procesarlo y para ello tengo mis herramientas preferidas como el movimiento arriba del mat. Las emociones deben ser procesadas -las del pasado y las que van a seguir apareciendo en nuestra vida-. Hay que saber sentarse con el dolor, sentarse con la emoción a dialogar, a entender, a descodificarnos. Permitir que la emoción salga sin reprimir para luego sí poder saber qué está queriendo decirnos.

Saber poner límites con respeto y amor
Hay dos frases en particular que padre utiliza emitiendo juicio sobre mi persona cuando no le gusta algo de mi: “vos sos tan cambiante” y “vos sos tan especial” – con connotación negativa ambas y siempre acompañadas de esa risita de burla. ¿Lo hace adrede? No, claro que no. Y ahí está el permitirnos trabajar la mirada hacia el otro con compasión. Más aún cuando se trata de nuestra familia. 

Después del cueving del día, mente me llevó a la memoria de todos esos momentos en los que padre hizo lo mismo y, sobre todo uno en particular, cuando le comuniqué la noticia de la primera decisión en mi vida que había tomado sin consultarle.
Recreé cada instante, cada detalle del espacio físico y su cara de desaprobación cuando le decía que había decidido separarme de mi ahora ex marido. Ese “sos tan especial” volvió a aparecer y un sinfín de juicios de color.
Lloré, lloré ahí, arriba del mat, hasta que no me quedó más. Me vacié de emociones estancadas desde hacía 4 años. Fue mi propia versión de hipnosis regresiva. 
Este es el mecanismo de reprogramación que intento compartir para que cada uno pueda observarse y cambiar a su antojo. 

Desde que soy consciente del porqué de mi sensación de NO SER SUFICIENTE, soy capaz de trabajar con ello. Es un trabajo diario. Hay días que cuesta menos, hay situaciones que ya son mecánicas, hay días que cuesta mucho más.
Lo más importante es siempre recordar que no hay que buscar culpables sino simplemente HACER CONSCIENTE LO INCONSCIENTE para poder conocer los hechos y REPROGRAMARNOS.

Saber poner límites y exteriorizar nuestro sentir es clave también. Personalmente tuve unas cuantas charlas con padre en las que le expliqué ese peso que sentía y de apoco vamos aprendiendo a conocernos otra vez. De esto se tratan las relaciones y los vínculos y hay que trabajar en ellos de manera activa porque si uno cambia, las relaciones con los demás lo harán a la par también

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